El Artesano Digital

Sitio web de la filial de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas en la provincia de Matanzas (ACAA). Artesanía, Matanzas, Cuba. Director: José Artiles Editor y redactor: Norge Céspedes

sábado, noviembre 29, 2008

Matanceros ayudan a construir Plaza de los Artesanos en Pinar del Río

Por Samil Barreto (TelePinar)

A muchos habitantes de la capital pinareña nos llama la atención que un pequeño sitio abandonado, ubicado en la calle Colón, entre Adela Azcuy y Martí, se vaya convirtiendo en una obra de arte y de inmediato nos preguntamos quiénes fueron los responsables.
Ellos son los integrantes de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA) de Matanzas, que en gesto solidario ayudan a levantar, junto a los pinareños, la Plaza de Los Artesanos. La brigada está compuesta por 10 matanceros que semanalmente se irán alternando hasta concluir la obra.
Luis Octavio Hernández, presidente de la ACAA en Matanzas, dijo que cerca de un 10 por ciento de sus afiliados se han inscrito para colaborar en la construcción. Destaca las atenciones que han tenido con ellos el gobierno y pueblo pinareño. También trajeron una ayuda en dinero y en juguetes aportados por integrantes del gremio matancero.
El proyecto no solo incluye la Plaza, sino que se extenderá para cambiar la imagen de la cuadra donde está enclavada, lo cual junto a las labores para embellecer la aledaña terminal de ómnibus, dará un agradable aspecto a esta parte de la ciudad.
Una vez más los artistas dan el paso al frente para ayudar a hermanos de otras provincias. Quedará para la historia que los artesanos pinareños tendrán su Plaza gracias a la cooperación de los matanceros.

Etiquetas: , , , , , ,

lunes, noviembre 17, 2008

La artesanía desde las cartas de Fredrika Bremer

Por Norge Céspedes (Tomado de TV Yumurí)
La artesanía llamó la atención de la novelista sueca Fredrika Bremer (1801-1865), en la visita que entre febrero y mayo de 1851 hiciera a Cuba, recorriendo La Habana así como Matanzas y zonas de Limonar y Cárdenas.
Prendas, ropas, vasijas y otros objetos utilitarios de procedencia extranjera o confeccionados en la propia Isla, suelen mencionarse en la correspondencia que sostuviera con su hermana Agathe, mientras le narraba sus peripecias en el continente nuevo, al cual había llegado en busca de conocimiento, por “necesidad de abrazar, de abarcar un mundo más grande”.
Autora de la famosa novela Hertha, luchadora por la emancipación y los derechos de la mujer, Fredrika Bremer había pensado en un inicio recorrer solamente los Estados Unidos, pero una vez allí las constantes referencias a la pequeña nación vecina la embullaron a darse un salto hasta acá.
Ella venía a aber y precisamente los objetos artesanales que apreció en su recorrido resultaron esenciales para llegar más al fondo de la Cuba de mediados del siglo XIX que se abría ante su mirada, con todas sus luces y sus sombras.
Durante una ceremonia religiosa en La Habana, se fijó en las manos del Obispo, “cubiertas de joyas deslumbradoras”, y en los trajes eclesiásticos y de los funcionarios públicos presentes allí, que “eran todo lo pintoresco e imponente que los trajes de gala pueden ser en nuestro tiempo”.
Poco después, en otra iglesia, en este caso la de Matanzas, notó cómo las mujeres habían ido a misa “en gran toilette de seda y terciopelo, con joyas y flores (…) los brazos y el cuello al aire (…) con ligeros velos negros o blancos sobre los rostros”.
Aunque le agradaban esos vestuarios femeninos, los consideraba fuera de lugar, desaprobaba que las mujeres se hallaran “vestidas como para ir a un baile” y, peor aun, “claramente más preocupadas por su apariencia que por los misales”.
Por cierto, fue en Matanzas donde le revelaron el pícaro empleo del abanico. Manejando un lenguaje de señas con el mismo, las mujeres se comunicaban con sus pretendientes. Los abanicos mas caros eran “de marfil con incrustaciones de oro”, “entre las cuales se cuentan pequeños espejos ovalados en la parte exterior”.
En contraste con la abundancia y fastuosidad en la ‘zona pudiente’ de la sociedad cubana de entonces, el vestuario y los objetos que habitualmente se asocian al mismo resultaban escasos y poco variados entre los sectores más pobres, sobre todo los negros.
Por lo general, ellos mismos, con los recursos disponibles por cada uno, los confeccionaban mediante procedimientos rudimentarios, que luego se fueron perfeccionando y dieron pie a las tradiciones artesanales cubanas, desde entonces transmitidas de generación en generación.
En el ingenio Ariadna, de Limonar, la escritora sueca vio cómo los esclavos, hombres y mujeres, traían collares preparados con semillas rojas y azules, posiblemente de plantas localizadas en los alrededores.Ahí mismo en el Ariadna, se topó “con más de un esclavo (ocupado) durante sus cortos descansos en trenzar cestitas y sombreros de guano, y uno de ellos había compuesto un suntuoso tocado con trapos de diferentes colores y plumas de gallo”.
Ahora bien, en materia de ‘artesanía local’, lo que más la impresionó fue la utilidad de la güira para la cotidianidad doméstica, sobre todo de los negros, pues le facilitaban “escudillas, fuentes, platos, vasijas para beber, artesas para lavar, cazos para sacar el agua, cucharones y todo lo imaginable”. Y por si fuera poco, les servía para adornar las muñecas y aumentaba “la diversión y el ruido en sus bailes”.
Precisamente en un baile de negros, en el poblado habanero llamado Cerro, conoció otro de los objetos sumamente apreciados por los negros: el tambor, hecho “de troncos de árboles huecos, con una piel tersa encima”.
Mientras, en la localidad habanera de Guanabacoa se sorprendió frente a una vasija “de barro poroso”, “empleada por todas partes en Cuba, para mantener fresca el agua de beber”, y concebida siglos atrás por los indios.
El modo integral en que la novelista Fredrika Bremer se acercó a la realidad cubana, a pesar de que apenas contara con unos meses para hacerlo, garantizó que hoy se tengan a mano detalles significativos para el conocimiento de la historia nacional. En el caso de los referidos a la artesanía, como se ha podido ver, resultan esenciales.


(Las citas de este artículo fueron tomadas del libro Cartas desde Cuba, de Fredrika Bremer, Editorial Arte y Literatura, Ciudad de La Habana, Cuba, 1995)

Etiquetas: , ,