El Artesano Digital

Sitio web de la filial de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas en la provincia de Matanzas (ACAA). Artesanía, Matanzas, Cuba. Director: José Artiles Editor y redactor: Norge Céspedes

sábado, diciembre 01, 2007

¿Pipa Calderón o María Caracoles?

Por Norge Céspedes


Mediante bellos caracoles, María del Carmen Calderón reprodujo, en miniatura, a Pedro Izquierdo (“Pello el Afrokán”) y a su grupo, que entonces, en la década del 60, popularizaban el ritmo mozambique.
Pello actuaba con frecuencia en Varadero, en sitios como el Hotel Internacional, donde ella trabajaba; ahí lo conoció: “siempre tenía mucha gente a su alrededor”, recuerda.
“Le regalé la pieza y le agradó tanto que se inspiró y compuso una famosísima canción: María Caracoles. Yo a eso no le hice mucho caso. La única influencia que tuvo en mí fue que comenzaron a decirme María Caracoles, y no Pipa, como hasta entonces.”
Pipa: el primero en nombrarla así fue un hermano pequeño, luego los demás en la familia, y también amigos, y vecinos. Al final se quedó Pipa. Hasta que apareció el María Caracoles.
“María Caracoles me dijeron sólo algún tiempo. Que me dijeran Pipa ya era una cuestión de costumbre o, mejor, de tradición”.
SÍMBOLO DE LA TRADICIÓN
Pipa es símbolo de una familia de artesanos que en Varadero, en los años 30, descubrieron las maravillas posibles de concebir mediante las conchas, los caracoles y otros recursos marinos.
“Fuimos los primeros en ese tipo de trabajos; en Varadero los pescadores predominaban y, sin embargo, extrañamente, nadie hasta entonces se había dado cuenta de esas otras opciones que facilitaba el mar”, asegura.
Su familia venía de Cárdenas. A Paula, su abuela paterna, la abandonó allá el esposo y vino a Varadero, con sus hijos: José (padre de Pipa), Primitivo, Nicolás y Ana María.
“Nuestra historia con la artesanía empieza la vez en que a mi abuela se le ocurrió hacer un collar de caracoles.
“Mi tío Nicolás, que vendía billetes de lotería, se quedó encantado al verlo. Pudo comercializarlo y desde ahí sólo se dedicó a vender las cosas de recursos marinos que de inmediato se les ocurrieron a mi familia.
“Hacían de todo: muñecas, chinos, negritos, flores, prendas... Viéndolos, aprendí. Ya a los siete años tenía cierto dominio. Recuerdo el trabajo para un vecino que vendía cestas de yarey, y últimamente no le estaban saliendo. Le coloqué unas flores de conchas preciosas y enseguida se las volaron.
“En general, vendíamos las piezas por la playa, caminando de un lado a otro. Cuando inauguraron el Hotel Internacional nos quedábamos en las cercanías. Nos botaban y al poco rato volvíamos. Al final, nos dejaron poner tres mesas en la parte de atrás.
“Así guapeábamos, pero no era fácil, había mucha pobreza. Yo misma, por trabajar, sólo había estudiado hasta tercer grado.”
ARTESANA DE TIEMPOS NUEVOS
Ni Pipa ni su familia estaban de acuerdo con la situación política y económica. Estaban en contra de Batista. Uno de sus hermanos pintó un cartel y no lo dejaron preso de milagro. Ella misma repartió bonos, mensajes dentro de la clandestinidad.
“Las cosas cambiaron después de 1959. Y tan pronto vi que todo sería distinto me sumé. Trabajé como dirigente o como machetera, en la recuperación de bienes malversados, en la alfabetización...
“Mientras laboraba como administradora de una tienda en el Hotel Internacional, tuve la suerte de conversar en varias ocasiones con Fidel: muy amable, comprensivo y asequible, no obstante sus responsabilidades y el peligro que constantemente corría su vida, pues, como me confesó, no dejaban de intentar asesinarlo.”
SATISFACER NECESIDADES COMO CREADORAS
Durante esa etapa intensa, nunca dejó de incursionar en la artesanía en el primer momento libre. Al jubilarse, se dedicó por entero a desarrollarla, siempre mediante los recursos marinos.
“Entre lo que he hecho desde entonces, me satisface el tratamiento a la Virgen de la Caridad del Cobre, que he concebido en varias ocasiones, aunque de manera distinta. Su figura también es parte del cubano, de sus tradiciones y de su forma de ser.
“Una de estas versiones se halla en el Memorial de América Latina, en la ciudad de Sao Paulo Brasil, junto a otra pieza mía, inspirada en el Quijote.
“En estos años he ganado premios, reconocimientos... Pero lo más grande que he conseguido es mantenerme contenta conmigo mismo, satisfacer mis necesidades de creadora, y dar continuidad a la tradición familiar. Por cierto, hay cerca de 20 descendientes de los Calderón dedicados en la actualidad a la artesanía.”