El Artesano Digital

Sitio web de la filial de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas en la provincia de Matanzas (ACAA). Artesanía, Matanzas, Cuba. Director: José Artiles Editor y redactor: Norge Céspedes

jueves, julio 26, 2007

Troadio Rivero: "Mantengo mi estilo, pero siempre con algo nuevo"

Por Norge Céspedes











Troadio Rivero siente que no puede vivir sin la madera, incluso aunque al trabajarla, por un proceso alérgico, le provoque asma, coriza y erupciones en la piel.
Lo que más lo irritan son los olores fuertes como el de la caoba y la jocuma, pero todos le hacen daño, hasta el de la majagua, que es un aroma noble, según dice.
— ¿Y se te lleva tan mal por qué no abandonas esta relación?
— No puedo acabar con algo así, es parte de mi vida.
— ¿Cuándo empezaste a trabajarla?
— Mientras daba clases en varias escuelas del municipio de Jagüey Grande como profesor de Educación Laboral y Dibujo Técnico. Con la madera, junto a mis alumnos, hacía objetos utilitarios, adornitos.
“Sin embargo, ya como artista, lo primero fue pintar, pintar paisajes, y algo de cerámica. A mediados de los ochenta. Un profesor de plástica de la ciudad de Matanzas hasta vio en mí aptitudes para eso. Pero yo intuía que lo mío era otra cosa: la madera.”
— ¿Qué piezas recuerdas de esa etapa?
— Un gallo en colores que me dio un premiecito ahí, en un concurso entre profesores de mi especialidad, y luego, un poco más adelante, en 1992, las tres que me permitieron ingresar a la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA). Tapices de piel y madera, inspirados en la flora y la fauna. Entonces para ingresar en la ACAA el proceso era menos riguroso que hoy. Hacías tu exposición y venía un jurado de La Habana a valorar, si pensaban que poseía calidad enseguida te aceptaban.
— ¿Ya atisbabas dos elementos claves para tu futura obra: la fascinación por los colores y por reflejar la naturaleza?
— Sí. Me fui percatando de los colores mientras daba clases y notaba las sorprendentes variaciones que había en cada tipo de madera. Rojas son la cambala y la bijagua; azul, la majagua; negra, el ébano...
“Se trata de conocimientos que he ampliado con los años, leyendo, con la misma práctica. Algunos extranjeros piensan que les aplico tintes a las piezas y se asombran cuando les cuento que no es más que pura naturaleza, preciosa naturaleza nuestra.
“Naturaleza que siempre me ha llamado la atención, tanto por sus coloridos como por sus formas infinitas. Naturaleza sagrada que respeto y protejo.”
— ¿De qué manera aplicas esta filosofía? ¿No talas o haces talar árboles? ¿No crees que así la dañas?
— Para existir como ser humano obligatoriamente hay que valerse de sus recursos. El problema se genera cuando esta relación no se sustenta sobre bases sostenibles.
— ¿Cuáles son esas bases sostenibles tuyas?
— Trato de dañarla lo menos posible, aprovechando madera que hallo por ahí o me regalan amigos en las carpinterías, muchos de ellos antiguos alumnos míos. Cuando hay un pedazo sobrante y piensan que me puede servir, lo guardan. Mis hermanos también me ayudan en eso, pedazo que ven, pedazo que traen.
“Después del ciclón Michelle salí y fue mucho lo que recogí en la calle. Algunos vecinos que no saben exactamente mi profesión, me preguntaban: ¿estás cocinando con leña que siempre andas cargado de palos?
— ¿No temes que tu tendencia a reproducir figuras de la flora y la fauna puedan conducirte al encasillamiento, a la repetición?
— La naturaleza es el mundo en torno al cual me muevo como artista, es mi mundo y creo que lo he reflejado con mi estilo, con mi manera propia de hacerlo. No pienso que eso sea algo malo.
“Además, el reflejar de manera reiterada un tema no significa siempre un encasillamiento si se aborda cada nueva vez desde perspectivas distintas, enriquecedoras.
“De todas maneras yo siempre me mantengo alerta. Me ayuda la paciencia, a veces tardo años para llevar a la práctica muchos de los bocetos que se me ocurren.
“Pienso bastante, las áreas, las líneas; me fijo en los colores, si estarán bien compensados o no. Así, a golpe de rigurosidad, he hecho mi obra, que abarca también el trabajo con las fibras.
“Esta disciplina se la debo a mi ejercicio docente que, por cierto, también me sirvió para la organización y ejecución de los planes mientras permanecí durante varios años al frente de la agrupación de la ACAA en Jagüey Grande.
— ¿Cuándo descubres la fibra? ¿También como profesor?
— No, fue más adelante, en el 96 o 97, cuando ya me desempeñaba como artesano a tiempo completo. Estaba en Guamá, en Ciénaga de Zapata, y me resultaba incómoda la madera, trasladar hasta allá las piezas, desde Jagüey Grande, que es donde vivo.
“Entonces me fijé en el recurso que había allí a mi mano: las cortezas de los árboles, las hojas, las ramas y otros muchos elementos.
“Ahí suelo hacer con más frecuencia cosas que no son solo figurativas. Son un poco abstractas.
“Me gusta experimentar aunque siempre mantengo mi línea, mi sello. Todos los días se aprende algo nuevo.”